martes, 5 de febrero de 2013

Velada

Una estela de luz incandiló el camino, ahora avanzo presuntuosamente hasta encontrarme con mi destino, levemente, no tengo apuro alguno. Simplemente me dejo llevar...

- nena, ¿quieres, por favor, dejar de andar tonteando y venir a ayudarme? ya casi está la cena.

- ¡un momento! 

Sabe que las visitas no tardaran en llegar.
Comienza a revisar en su habitación hasta que logra encontrar un lugar donde esconder el cuaderno y sale presurosa a la cocina.

"Tic, tic" el caer del agua goteando no deja de hacerse notar, la luz se fue y eso estaba empezando a molestar a los invitados, que sufrían del húmedo calor. El quejumbroso techo era, además de la gotera, el único ruido que se pudo escuchar durante la cena.

- ¿no podrían haber hecho ventanas más grandes? - gimió con  enojo la tía Cintia - querida, deberías saber que existen generadores eléctricos también

el ambiente comenzaba a inquietarse

- hubiera comprado uno si no fuera porque a alguien se le ocurrió la excelente idea de encapricharse con esa camioneta vieja - contestó a la defensiva, Emilie, hechando una mirada furtiva a su marido, que disfrutaba tranquilo de la velada temprana.

- al menos sirve para traer dinero a la casa - ingiere un bocado de ñoquis - fue una buena inversión y no me arrepiento de ello.

Emma contemplaba la situación imaginando cómo sería su casa si las ventanas fueran imponentes y sintió que una brisa repentina le acarició el rostro.

- Qué bien que traje este abanico conmigo. - dijo alegre la señora, que daba amplios movimientos de muñeca.
- Por cierto, ¿cómo te ha ido con tus nuevos compañeros de escuela, pequeña?

- Aún no conozco mucho, sólo los nombres, porque pasan lista varias veces.- Respondió levemente la niña, haciendolo sonar de lo más normal.

- ¿Cómo? ¿tan estricta es esa escuela a la que vas? - preguntó Cintia, con intriga

- no, me parece que la Preceptora tiene un poco de mala memoria.


Alguna que otra charla se asomó con timidez durante el resto de la noche, un pájaro se posó sobre mí, lo sentí rasguñándome...


- ya, duerme que mañana no te levantarás - su madre se asomó para reprenderla y no tuvo más opción que apagar la vela y dormir.

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