lunes, 3 de mayo de 2021

Los Ozona

 Una caja cilíndrica yace destapada en un espacio vacío. Un claro de bosque, algo de césped y vinagrillo en el suelo. Unas pocas personas están reunidas alrededor buscando algunos troncos, leña para el hogar y la cocina. ¿Qué tipos de árboles los rodean? Hay decenas de robles y abedules que cortan con la monotonía de pinares y demás coníferas del resto del bosque. Algunas otras personas recolectan bellotas y savia de abedul. 

¿Qué hay dentro de la caja? La caja está vacía, un muchacho la está acondicionando para transformarla en un baúl de tesoros. Sin embargo, aún, a su muy temprana edad, no posee ninguna cosa material que atesore profundamente.  

Hay, también, una niña pequeña juntando bellotas y colocándolas adentro de una bolsa de lino. Está acompañando en la tarea a su madre, cuyo perfume la calma y le hace sentir protegida.

Hay cinco personas en un claro en el bosque, listas para volver a casa.

Ellos son los Ozonas, o, al menos, así es como los conocen en la villa.

¿Cómo son? Bueno pues, tenemos a dos hombres adultos, a uno un poco más joven, a una mujer y a una niña.

El más adulto de ellos se llama Ankhem. Es un herrero alto, musculoso y un poco calvo, con unos pocos cabellos asomándose por encima de su cabeza desnuda. Tiene algo más de 50 años; le gusta salir al bosque a cazar con trampas de madera y metal. Su carne favorita es esa de las liebres, hecha en estofado.

Inea, su esposa, una mujer de mediana edad, cuatro decenas de años y piel con arrugas de sonrisa. Dadivosa por naturaleza, da trapos y camisas de lino a la gente en la aldea. Se la pasa ocupada todo el tiempo, ya sea tejiendo en su telar o moliendo bellotas para hacer harina, como también se la puede ver en largas conversaciones con mujeres vecinas.

Ankhem sostiene con fuerza y firmeza un hacha para cortar y atravesar la leña. Su hijo, Irám, sostiene los troncos ya cortados con la leve certeza de que no se le caerán otra vez. 

Y falla.

Irám, un hombre de 30 y tantos de años, es unos centímetros un poquito más alto que su padre y es tan cuidadoso como lo es de torpe. Su condición se la puede contemplar como: "Incapaz para trabajo de fuerza bruta. Ideal para lo minucioso y detallado."  Por lo que, al observar su situación, se dispone a hacer una mochila de soga finamente entretejida con los troncos adentro y se la cuelga a los hombros. 

Muchas cosas más se podrían decir de Irám y su torpeza, pero mejor dediquémonos a otra cosa. Ya que la noche oscura se aproxima y los pequeños están llevando sus pertenencias y ganancias a casa, siguiendo a su madre.

El mundo a su alrededor se volvió penumbroso y oscuro pero ellos, cada miembro de la familia, no se extraviaron en el camino. Ya han pasado muchos veranos e inviernos desde que se fundó por primera vez la villa y se pobló. Con tanto andar y caminar se han formado varios caminos y cada sendero, sin importar cuánto se adentre uno en el bosque, siguen regresando a la plaza principal.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario