Corría ya la tarde de abril, cuando me viniste a ver y me dijiste que no podías seguir así, que esto te enfermaba.
Con la mano en el corazón, te vengo a pedir disculpas.
Esta vez soy yo quien va a pedirte la mano para que me apoyes en lo que tengo que hacer. Cuando vine a verte me despediste así sin más. Quiero que sepas que me viniste a ver en Diciembre, cuando yo enfermé de un cuadro de gripe y yo estaba mal, estaba sin voz, no podía verte.
Cuando entré a tu casa y me viste con esa ropa, no podía darme vuelta atrás, supiste la verdad. Supiste quién había sido quien mató a tu padre.
____
Y así fue como dejaste de venir a verme, pensaste que yo me creería esa mentira que me dijiste acerca de mi padre habiendo sido asesinado y cuanta cosa. A mi padre lo mató un árbol caído, y sin embargo pensás que fuiste vos, ni siquiera estabas presente. Y no me vengas con brujerías que esas no te las creo.
Y así pasó febrero también y seguías sin venir a verme, sin venir a disculparte por todo el tiempo que pasó sin vernos.
Y tanto ver, verme, verte, vernos, me tenía locos los ojos. Ya no sé bien para qué me disculpo con vos.
Pensé que si te habías enloquecido era por culpa mía, pero nunca terminé de entender por qué opinaba eso.
Recuerdo bien que estabas envuelto en una sábana blanca, manchada de sangre de cordero. Y vos pensaste que era de mi padre. Yo te vi bien cuando la manchaste, si estaba ahí, al lado tuyo. Claro que vos no me viste porque estabas pensando en otra cosa.
__
Cuando nos vemos hacemos de cuenta que nada hemos visto. Cuando vemos al cielo, poco vemos. Cuando vemos a la tierra, podemos hacer lo mismo con los árboles y con los marsupiales que trepan al arbol, vemos poco, vemos todo y no vemos mucho que digamos. Vemos la vida pasar como si fuera la vida de alguien que no tiene límites pero a nosotros nos vemos con muchas limitaciones en el diario vivir. Fallecemos y al fallecer vemos al ángel que nos protege y nos cuida decirnos "Ya está, nos vamos a otro lado". Podemos continuar así sin más, y así continuamos. Podemos seguir viviendo, y sentirnos limitados. Cuando vamos al otro lado, poco entendemos por qué al vivir la vida nos traumamos con nuestras debilidades, nos traumamos en un sueño voraz que nos pide cada vez menos amor, menos respeto, más dolor, más sufrimiento.
Seguimos sin sentirnos amados, seguimos sin sentirnos sin derecho a goce y disfrute, a seguir vivos sintiendo adormecimiento y desazón. Comemos como alguien que come sin mirar, sin observar la comida, plagados de pensamientos, plagados de emociones sin digerir, y así nos cae a la panza lo que comemos.
Podemos seguir así sin más, así sin más, así sin más y eso es lo que nos compone, nos divierte, nos llena.
(Nos divertimos con el sufrimiento propio y ajeno).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario